No se si la fecha de hoy para celebrar el X Congreso del Partido Popular de Melilla habrá sido elegida por su significado pero es representativa del entierro de todas las épocas precedentes.
En los anuncios de la celebración del congreso de los populares, que se han podido ver en la prensa de los últimos días, queda claro que la imagen de Juan José Imbroda se antepone a las propias siglas del partido: el líder por encima de todo para que el conjunto crezca. La verdad es que el creativo de turno no tuvo muchas luces al diseñar la publicidad o tan sólo fue realista con el estado de ánimo en el que los populares encaran su futuro para los próximos tres años.
Éste no es el congreso de la confirmación de Imbroda porque ya lo fue el anterior cuando un válido suyo, el por ahora presidente de la Autoridad Portuaria, Arturo Esteban, fue elegido presidente para continuar sin mayores problemas con la fusión de la UPM y el PP cerrada unos meses antes. Éste es el congreso de la aclamación de Imbroda como líder de la nueva formación resultante para que ya no haya dudas de su protagonismo y sin adversarios en las inmediaciones.
A partir de ahora, con un partido de corte presidencialista doblegado ante sus pies, Imbroda es libre de deshacerse de las ataduras que ha mantenido en su estructura de gobierno en la Administración local. Ya no necesita contentar a las diferentes familias y clanes que disfrutaban de un reparto porcentual según el grado de influencia que tenían en el seno del partido conservador. Desde hoy la realidad será otra, el poder lo ostentará sólo el clan de Imbroda, quien quede fuera de éste está acabado.
Pero, ... (sí, siempre hay un “pero”, al margen de las consideraciones que pueda tener uno de que nuestro sistema democrático permita tanta unificación de cargos y prolongación en ellos durante largo tiempo) es que la suma de poderes en un sólo líder conlleva al término de su mandato, o existencia, una crisis que suele acabar con la estructura existente. No es necesario recordar episodios de la historia de la humanidad como ejemplo de esto último, tan sólo los hechos que se vivieron tras unificar Ignacio Velázquez las presidencias de la Ciudad Autónoma y el Partido Popular. Aquella suma de poderes constituyó el inicio de una serie de sucesos que desembocaron en una gran crisis que padeció la ciudad y que sólo se solucionó con un acuerdo de estado entre PP y PSOE que benefició a Imbroda, ya que primero consiguió el escaño de senador con el apoyo del PP y, después, la presidencia de la Ciudad. En sólo ocho años se ha cerrado el ciclo.
Tampoco hay que extrañarse que en Melilla se de tal situación en un partido político, pues ocurre igual en el PSME-PSOE y en Coalición por Melilla, aunque con tintes diferentes. Por un lado los socialistas en su último congreso, de escasa participación, reeligieron a Dionisio Muñoz como líder de la formación ante la inexistencia de adversario alguno. Fue la confirmación de control del poder de una estructura, para algunos excluyente, dirigida por tres ex dirigentes sindicales (Muñoz, Díaz y Avelino) que también tienen como objetivo conseguir las riendas del Ejecutivo local, aunque esto hoy todavía parezca un sueño. En Coalición por Melilla, Mustafa Aberchan y sus cuatro consejeros tras las cortinas, llevan ya trece años mandando en un partido en el que sus adversarios han desaparecido o callan públicamente. El silencio es tan delatador sobre la incuestionabilidad del liderazgo que ni siquiera se ha roto a nivel privado tras las últimas elecciones por reuniones de su ejecutiva.
Los otros partidos poco cuentan: Convergencia Democrática de Melilla se ha difuminado en el tiempo; y Unión, Progreso y Desarrollo sólo nos muestra a dos empeñados, Guerra y Folgar, y poco más.
Así pues, el electorado sólo tiene unas pocas caras, Imbroda, Muñoz y Aberchan (con el permiso de Guerra que reivindica un sitio), para identificar sus inquietudes políticas. De ellos, de sus personas, de sus decisiones o gustos personales, depende nuestro destino. Ahora se tiene la sensación de que se ha perdido la capacidad de decisión de los órganos colegiados, aunque reiteradamente en los medios de comunicación se nos informe de las reuniones de las juntas ejecutivas de los partidos y los acuerdos tomados.
Debe ser que me estoy haciendo viejo pero recuerdo con nostalgia cuando en los partidos políticos había corrientes de opinión, la actualidad informativa era más divertida y, quizás, más democrática.