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Época de crisis (III): Un vistazo a los orígenes

Archivado en La Nota de Melilla • Fecha: 21-10-2008 21:09:08

Quizás con el paso del tiempo los historiadores sepan explicar las causas que provocaron la última, por ahora, inestabilidad de las economías de los países desarrollados que se ha dado por denominar crisis mundial.

Puede que con el paso del tiempo nos cuenten que en 1999, en el final del mandato de Bill Clinton, el Congreso de Estados Unidos aprobó el Acta de la Modernización de los Servicios Financieros que supuso la derogación de los controles de las finanzas y las operaciones bancarias establecidos tras la crisis de 1929.


En 2001, tras la explosión de la “burbuja internet” y los escándalos de fraude de Enron, World Com,... que conllevó el desplome de muchos fondos de pensiones, la Administración Bush no tomó medidas correctoras en el sector financiero. El dinero de los pequeños inversores americanos, junto al proveniente de las economías emergentes del Oriente (China e India), devengó un importante flujo de capital hacia los bancos de EE.UU. cuyo Gobierno, con un dolar fuerte todavía ante un recién nacido euro y con la ocupación de Irak como consecuencia de la II Guerra del Golfo y las espectativas que había, decidió una política monetaria expansiva de bajada de tipos de interés (del 6’5 al 1% en sólo dos años).


Al parecer, según ahora cuentan los especialistas (no se sabe lo que dirán en el futuro los historiadores), el exceso de liquidez en EE.UU. fue aprovechado por las entidades bancarias para conceder créditos de forma fácil y el mercado inmobiliario creció con la llegada de ese dinero. Esta situación se mantuvo mientras hubo dinero circulante y los tipos de interés permanecieron excepcionalmente bajos en los mercados financieros internacionales. Se buscó la rentabilidad en el ladrillo (en España ya se sabe).


Dicen los expertos que la escasa rentabilidad del dinero influyó en que los bancos estadounidenses buscaran otras formas de rendimiento y, entre ellas, crearon lo que se ha denominado las “hipotecas basuras”. Es decir, el crédito a clientes de dudoso cobro (personas sin ingresos fijos y sin otras propiedades) para que compraran una vivienda, con ello y otros factores el precio de éstas ascendió considerablemente, al doble en una década.


Sin embargo la ocupación de Irak, además de conllevar la pérdida de innumerables vidas humanas, empezó a ser un desgaste de la credibilidad de EE.UU. y un coste excesivo mantener la zona bajo el control armado... El mercado del petróleo estalló, la inflación se disparó y..., poco a poco, el panorama fue cambiando.


Con el alza del coste de la vida llegó el incumplimiento de parte del abono de la cuotas de las citadas “hipotecas basura” y las entidades financieras que estaban detras de éstas decidieron colocarlas a la venta, a pesar del riesgo que suponía, en paquetes de deudas en forma de bonos, los famosos “subprime”, los “condults”... etc. En principio muchos inversores en todo el mundo compraron esos bonos y, al tiempo, crecieron dos “burbujas”: la inmobiliaria y la del crédito.


Sin embargo, a principios de 2007, en crisis política estadounidense por el desgaste de la guerra y con una subida constante y espectacular del precio del petróleo, estalló la burbuja inmobiliaria y arrastró a la del crédito. Se generalizó el incumplimiento en las “hipotecas basuras” porque las viviendas habían perdido el valor que tuvieron a la firma de los créditos. Las grandes pérdidas de las entidades bancarias que habían confiado en el “boom” inmobiliario y en los bonos “subprime” provocaron grandes convulsiones en las principales bolsas del mundo. Unos bancos habían prestado el dinero a otros y éstos a otros para llevar a cabo las “hipotecas basura” que ya nadie atendía, el “efecto mariposa” quedó demostrado.


Los bancos centrales inyectaron dinero en los mercado para impedir la crisis. Así lo hizo la Reserva Federal de EE.UU. que, además, mantuvo a la baja la tasa de interés. El dólar se devaluó frente a otras monedas, especialmente el euro que le sustituyó en algunos lugares como patrón de referencia (gran parte del capital árabe, cansado de la política Bush en Oriente Medio, eligió como castigo la moneda europea). Las reservas de dólares de muchos bancos internacionales perdieron valor, el dinero comenzó a escasear y en el mercado interbancario su precio comenzó a subir (el famoso euribor de referencia para nuestras hipotecas)...


Ya con sensación de crisis, algunos bancos vendieron propiedades para conseguir liquidez, se retrotrajeron los créditos a empresas y consumidores y, en concreto en España, las constructoras (motor de la economía nacional en los últimos años) comenzaron a derrumbarse como efecto secundario.


En menos de 12 meses la situación se agrava y por vez primera en muchos años se cuestiona el capitalismo, pues se viene abajo como un castillo de naipes. Sólo en algunos determinados lugares hay liquidez de dinero, en concreto en las zonas petrolíferas, donde se decide intervenir a través de los fondos de soberanía para “comprar duros a cuatro pesetas” y hacerse con el control de muchas empresas internacionales. La política de bloques (que existe) se aprovecha de la situación económica (hoy el diario El País publica que el Gobierno Español ha ofrecido “deuda pública a fondos de países árabes”, según informó el ministro de Industria, Miguel Sebastián).


En este otoño, alarmados por la recesión generalizada, los gobiernos de las economías más desarrolladas deciden inyectar dinero público a los principales bancos pero, hasta el momento, sólo han conseguido ralentizar el derrumbe de las bolsas de referencia. Ni siquiera la bajada transitoria de los últimos meses del precio del barril de petróleo ha devuelto la tranquilidad (se prevé en los próximos días una reducción de la producción de la OPEP en más de un millón de barriles diarios y vuelta a subir del precio).


Dicen que es el final de una época, la del dólar como patrón monetario (con esta moneda se hace el 70 % del comercio mundial y en ella están el 65% de las reservas monetarias). Su inestabilidad ha provocado el desequilibrio en el precio de las materias primas y ha creado el caos en las exportaciones e importaciones. Ya nada vale lo que valía hace un año. Los países proveedores de materia prima a las economías más desarrolladas también tienen problemas porque no consiguen vender...


Ayer el director general de la Organización Internacional del Trabajo, el chileno Juan Somavia, advirtió que la crisis puede provocar la pérdida de 20 millones de empleos en el mundo...


Así entiendo como va la crisis después de leer a Leopoldo Abadía Sr. y a Valeria Gutiérrez, entre otros.


Otro día habrá que analizar las repercusiones que tiene en Melilla.




Escrito por Miguel Gómez Bernardi
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