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Mente fatigada

Archivado en La Nota de Melilla • Fecha: 01-09-2007 14:23:12

No tengo ganas de escribir. Quizás los calores influyan para que mi cuerpo se vuelva cansino o fatigada esté mi mente para poder comentar temas de esta ciudad, de sus gentes y de sus opciones políticas (que hay varias, no una sola como algunos pretenden y es que la unificación, la alineación, les encanta, sólo hay que ver la uniformidad en trajes de faralaes en estos días).

No tengo ganas de escribir de la problemática del transporte, aéreo o marítimo, porque toda la ciudadanía es usuaria de este tipo de servicio y en todas las memorias han quedado impregnados sucesos de toda clase ocurridos en puertos y aeropuertos, de las dos orillas del Mediterráneo, que tienen como común evocación la sensación de haber recibido menosprecio en el trato, por no decir que han sentido sus derechos vilipendiados. Y es que cambian los nombres de las compañías y de las unidades de transporte pero las carencias permanecen, aunque ahora crucemos “el charco” más rápidamente que antaño. El monopolio de hecho, no de derecho, y la demanda constante de servicio, porque éste es imprescindible para una ciudad apartada del resto del Estado, son factores clave para que la ciudadanía “aguante” una y otra vez hechos similares año tras año.

No quiero comentar las declaraciones del presidente regional del Partido Popular, Arturo Esteban, a la sazón máximo regidor de los destinos de la Autoridad Portuaria de Melilla, sobre el supuesto riesgo que corrió el pasaje del catamarán Milenium III porque mi mente no dispone de la estructura necesaria para comprender la lógica de tales afirmaciones. Y es que nada entiendo del recinto portuario y el transporte marítimo tras hechos como el despido de Ángel Weill y aquel tema del dragado del fondo del puerto; la contratación del experto director y su colega de profesión de número correlativo; la adjudicación de la obra de la estación marítima que debía estar concluida en un plazo fijado como requisito del pliego de condiciones; el viaje a China; los cajones flotantes y el que quedó por ahí; el expediente de la gasolinera...

No puedo comentar qué sabor tiene el agua potable procedente del nuevo sistema de abastecimiento porque todavía no está completado de forma que funcione a pleno rendimiento. Para mi es incomprensible que haya transcurrido cerca de una década de la construcción del embalse de “Las Adelfas” y todavía no esté operativo. Aunque sí puedo entender que las otras instalaciones del sistema, planta desalinizadora, planta de afinos o desalobradora y nuevos depósitos, puedan tener averías e irregularidades en el periodo de prueba tras su construcción. Ahora bien, es poco comprensible que el tendido eléctrico, que se supone que fue diseñado y proyectado por técnicos cualificados, esté dando tantos problemas para aportar la potencia necesaria para que las instalaciones citadas funcionen adecuadamente. No lo llego a entender.

Entendederas me faltan para comprender cómo se cierra una cuarta parte del Hospital Comarcal durante el mes de agosto, época estival en la que se demandan, más si cabe, los servicios sanitarios por una población ajena a la melillense. Me cuentan que muchos residentes en Europa, al estar veraneando en las cercanías de Melilla, tienen al centro hospitalario local como de referencia. Es lógico que acudan aquí, yo lo haría. Lo que no entiendo es cómo “se encoge” un hospital. Hay quien asegura que las estadísticas de Urgencias en el mes de agosto son de lectura interesante pero será difícil conseguirlas.

También es difícil escribir en estos días sobre la actualidad política de la Asamblea de Melilla. Por un lado, el Gobierno local (dejando aparte la “no exclusividad” del consejero de Deportes que merecería mucho uso de neuronas) tras dedicarse casi en exclusiva al espectáculo -incalificable por cierto- extradeportivo de la Semana Náutica, poco ha dado a conocer de su gestión en estos días, salvo la aprobación del expediente de subasta pública del proyecto de rehabilitación del edificio de la Cruz Roja y de adaptación para ubicar allí las consejerías de Economía, Empleo y Turismo; Hacienda y Presupuestos; y Contratación y Patrimonio. Último paso de un expediente en el que todavía no se ha dejado claro si la piscina y los “yacusi” estarán en la “parcela 2” y si serán de uso “público” o “privado por ochenta años”. No se preocupe lector/a, todo se sabrá con el tiempo y conoceremos en qué situación de uso queda la parcela que ubicó en su día el antiguo Hospital de la Cruz Roja, complejo urbanístico que fue resultante de la enajenación por el Estado de un solar y de un colegio y de la construcción de un edificio a través de donaciones de la ciudadanía.

Pero volvamos a la Asamblea porque no tengo ganas de escribir sobre otros temas. Ese estado de ánimo también debe abundar en los grupos de la oposición que andan un poco desaparecidos. Señalo esto último porque a pocos dirigentes he visto en los despachos que poseen los partidos en la segunda planta del Palacio de la Asamblea. Es posible que estuvieran construyendo la caseta de feria, es posible. También es posible que hayan perdido las ganas de escribir para preparar conferencias de prensa porque no disponen de un lugar adecuado donde celebrarlas. Mi mente tampoco llega a entender que se anunciara a bombo y platillo la construcción de una sala de prensa para que, ahora, después de conocido el resultado de las elecciones locales, se impida que los grupos de la oposición hagan uso de ella. Puedo llegar a pensar (debido a mi fatigada mente, claro) que hay implícito el mensaje de:”¡eah!, a la calle, el escudo de la ciudad es para el Gobierno”.

Sin embargo, Mustafa Hamed Moh “Aberchan” no creo que haya estado desaparecido durante los últimos meses por esta causa. No, conociéndole, supongo que habrá estado pegado al teléfono para entender con sus interlocutores qué pasó en las elecciones locales mientras se le descompone el partido y, poco a poco, pierde la organización que tanto les costó lograr en los últimos años.

En fin, tampoco entiendo cómo, por fin, el Gobierno de la Ciudad Autónoma ha tenido a bien felicitar a la ciudadanía a través de un discreto anuncio en las páginas de “El Periódico Melillense”. Debe ser que ya nos estamos acostumbrando a ver los tres mil ejemplares que se distribuyen en la ciudad. Esta bien rentabilizar el gasto público es bueno. Ahora, en lo que concierne a nosotros, los que hacemos este producto, que tanto hemos escrito sobre los “convenios de publicidad”, mantenemos la posición y, como decía el protagonista de “Octubre, octubre”, de José Luis Sampedro, “no soy redimible, sino sólo contratable”. Es lógico, tenemos un producto aceptable que se lee y, esperamos, cada día más. Es una buena oportunidad para el gasto en publicidad pública y privada.

Felices fiestas y que descansen las mentes calenturientas.

Escrito por Miguel Gómez Bernardi
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