En el primer artículo de esta serie escribí que desconfiaba del resultado que podían tener esos votos “secretos” que se habían entregado en grupos en las ventanillas de Correos y me quejé entonces del sistema y de la picaresca. Ese día mostré mi convencimiento de que esos votos podían alterar el resultado final en algún que otro escaño. Pero, entonces, no esperaba que la Guardia Civil pudiera intervenir esa tarde en un centro de formación y destapar que allí, según publica hoy el diario “El País”, se pudiera estar llevando a cabo “un supuesto fraude en la captación de votos por parte del Gobierno melillense, del PP, que pagaría a vecinos de la ciudad autónoma vales de alimentos de 60 euros a cambio de que votasen por correo a favor de la candidatura popular en las elecciones del próximo domingo”.
El tema está en manos de la justicia y, si se demuestra lo que hoy se sospecha, hay que pedir la suspensión o anulación de los votos por correo. Ya no valen. Hay que reiniciar el proceso e impedir que se vuelva producir la entrega masiva de sobres con voto, no se puede permitir que la picaresca tenga el terreno abonado.
Quiero creer que ganaremos los ciudadanos si se evitan las trampas.
También ganaremos si se conoce, de verdad, sin manipulación, lo que ha ocurrido en los templos religiosos en los últimos días. Es censurable que imames, curas, pastores... tomen partido por unas siglas, bien por censura o por halago. Es harto conocido que unos dicen que hay que votar a los correligionarios y, otros, que no se puede votar a quien defiende la ley del aborto, los matrimonios de los homosexuales,... A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. No confundamos espíritu y cuerpo. En las comicios no elegimos al “mesias” o “mahdi”, no, por favor, tan sólo a concejales que, a su vez, elegirán al alcalde-presidente. Es posible que ganemos si esto último queda claro.
Clara parece la injerencia de Aomar Mohamedi Duddú, el líder del movimiento musulmán de la década de los ochenta, en esta campaña electoral por segunda vez. Hoy, se intuye su sombra en una carta firmada por Amal El Funti M. Duddu, que publica el diario Melilla Hoy, bajo el título de “Adivina quién es”, en la que se realiza una breve, sesgada, e interesada historia de un supuesto personaje que se puede desvelar en la respuesta a la pregunta: “¿De qué color es el caballo negro de Santiago, en tamazigh?”. Evidentemente la respuesta es “Abarshan” y, a la vista de quién le ataca, habría que pensar por qué este último, el líder de Coalición por Melilla, Mustafa Hamed Moh “Aberchan”, es tan molesto para un gobernador marroquí, el señor Aomar Mohamedi Duddú. ¡Ay! que me da en el olfato que Duddú quiere volver a casa pero antes le gustaría que en el “patio” no haya rivales. O, por lo menos, los quiere débiles.
Auguro cambios en el horizonte y quiero creer que los ciudadanos ganaremos pero lo tenemos difícil, hay muchos intereses en juego que sobrepasan a unas simples elecciones municipales. No hay que olvidar que, dentro de unos meses, en septiembre, se celebran los comicios en Marruecos, con el Partido de Justicia y Desarrollo como posible ganador. Se preguntará usted, lector/a, qué tiene que ver esto con Melilla. Algo hay, fíese de mi, algo hay y el “majzen”, el poder, trabaja en muchos ámbitos. Ahora bien, sí quiero dejar claro que la utilización del caballo de Santiago me parece de mal gusto, por aquello del sobrenombre que tiene el apóstol en tierras peninsulares.
Injerencias externas al margen, el resultado de nuestras elecciones municipales interesa porque el gobierno de Melilla es importante, desde él se obtiene una posición de privilegio a la hora de encarar unas elecciones generales que se prevén reñidas. El Ejecutivo local resultante de los comicios mueve más de treinta mil millones de pesetas en un año y, en mayoría absoluta, puede repartir “bendiciones” entre asociaciones diversas, ejemplos en el pasado no faltan. No hay que olvidar que en esta ciudad se obtiene un diputado y dos senadores en un panorama de posible empate técnico entre los dos partidos nacionales, PSOE y PP.
Un lío, oiga, un lío en sólo doce kilómetros cuadrados.