Hace mucho tiempo gasté gran parte de mi energía en el ámbito deportivo local hasta que fui consciente de que unos pocos constituían el “sistema” y que no admitían otros puntos de vista diferentes. Si no eras amigo y formabas parte del grupo de los que regían el destino de la determinada especialidad deportiva en la que gastabas tiempo y dinero, muy posiblemente eras objeto del descrédito, de la malidicencia de voces interesadas. Al final lo dejas, evitas el enfrentamiento y prefieres dedicarte a otras actividades. Hoy, aquellas personas, veinte años después, siguen “erre que erre” en las mismas lides, mantienen las riendas del destino de ese deporte y habría que preguntarse por qué.
Esta experiencia, junto al privilegio de haber trabajado en varios medios de comunicación, me ha servido en la vida para observar el comportamiento de determinados sectores asociativos de la ciudad en los que suelo encontrar un denominador común, “si no estás conmigo, estás contra mi”. Puede que sea una sentencia radical pero la experiencia, o la hemeroteca, apunta en este sentido en áreas como la política, el deporte (recuerde el lector/a la que hay liada en los últimos meses en fútbol, baloncesto,...), cultura, asociaciones religiosas, asociaciones empresariales, musicales, étnicas... hay un largo etcétera que podría probar caso a caso.
Siempre he aborrecido la alineación forzosa y más aún, la falsa, la que utilizan los míseros de corazón cuando para definirte dicen: “es que ese es anti... o pro...”. Mensaje negativo, de pertenencia a un bloque (el contrario al receptor del mensaje), en lugar de realizar una descripción sincera.
Qué importancia tienen tus gustos o preferencias, si eres fan del Madrid o del Barcelona, por poner un ejemplo de alineación que todo el mundo puede entender. Creo que lo verdaderamente importante es lo que dices o haces, el contenido, la esencia de la acción, banderas al margen.
Se preguntará usted, lector/a, a qué viene esta larga introducción. Es muy sencillo, en días pasados hemos puesto en circulación “El Periódico Melillense” y ya nos han llegado los primeros ecos. Melilla es pequeña y hay “orejas” en cada esquina. Estará de acuerdo usted en que todos tenemos nuestros propios canales de información que utilizamos, según nuestros intereses, para conocer qué pasa en nuestro entorno. En nuestro caso, una vez efectuada la primera distribución de ejemplares, es lógico que nos preocupemos de conocer el impacto, que no sólo se mide por las ventas. Así pues, hemos establecido líneas de “feedback” (retroalimentación) para analizar las primeras impresiones de los consumidores/as o lectores/as, según si medimos en ventas o difusión.
Entre las respuestas hay para todos los gustos y sería prolijo entrar en detalles. Aunque no me resisto a dejar de destacar aquí una muy común: ¿qué hacen Céspedes y Velázquez como colaboradores?. ¿También le extraña a usted lector/a?. A mi, no. A ambos los considero amigos y les he pedido que me acompañen en esta nueva singladura aunque, bien es cierto, los tres somos conscientes de lo que ello significa. No ha sido necesario pactar condiciones, ni compromisos económicos o de otro tipo, simplemente que cuenten lo que quieran de forma altruista. Es así de simple y por ello les quedo muy agradecido, es un honor, y una deuda hacia ellos, que personas que han tenido responsabilidad pública en Melilla aporten ideas y cuenten experiencias que nos ayudarán a entender mejor nuestra realidad.
En la búsqueda de la respuesta del mercado también nos ha llegado el rumor malidicente que algunos han extendido, el típico de que este periódico es “anti... o pro...”. Porque sea costumbre en esta ciudad no deja de ser triste que haya personas que no se contenten con interpretar los hechos a su manera, sino que pretendan imponer a los demás su veredicto, calificación subjetiva al fin y al cabo. Recuerdan a aquellos que por cualquier cosa decían: anatema, herejía, pecado... Son los intransigentes, autonombrados salvadores de no se qué fé, que, además, con ello buscan defender sus intereses particulares. La situación se agrava con acciones que pueden ser posiblemente delictivas cuando presionan a aquellas empresas que han confiado en nosotros.
¿Qué malo hay en que queramos expresar nuestro punto de vista?.
¿Qué maldad hay en que estemos convencidos de que los convenios de publicidad mediatizan el panorama informativo?.
¿Por qué no podemos ser diferentes?.
Dejad a la ciudadanía que nos juzgue si así lo estima conveniente. No os autonombréis censores de sus preferencias.
Siempre reivindicaremos la libertad de pensamiento y expresión. Es nuestro compromiso.