Dicen que no hay presión, dicen que hay libertad de información, dicen tanta cosas y ya no saben qué decir pero, mienten, mienten miserablemente y lo afirmo.
Nuevamente, en muy pocas horas, han vuelto a presionar al más débil y no hay derecho a que ésto esté ocurriendo en un sistema democrático.
No dispongo de pruebas, ni tampoco las quiero para poder escribir esta nota apesadumbrada.
Siento tristeza porque entre cortinajes palaciegos se mueven sombras diablescas que se frotan las manos por mantener el poder de presionar, de mandar, de controlar...
Y no son unos pocos, es una costumbre extendida que se perpetúa en el tiempo, se alarga en el transcurrir de los años aunque aparezcan nuevos actores.
¡Qué miseria de espíritu!, ¡qué poco respeto a las ideas!, al trabajo bien hecho.
¡Qué desdicha ser tribulete en esta tierra!, donde hay tanto por hacer, donde queda tanto por construir en una sociedad que se muestra apática ante tanto déspota.
Ah, por cierto, ¿dónde está el corporativismo?.
Respuesta fácil, debajo de las subvenciones.