Hoy en los diferentes medios de comunicación hay decenas de artículos que recogen lo tratado en el transcurso de la sesión plenaria que celebró ayer la Asamblea de Melilla, en la que se llevó a cabo el “Debate del estado de la Ciudad”. Además, el ciudadano pudo ver anoche en Televisión Melilla la sesión plenaria en diferido y hoy está previsto que, a partir de las seis de la tarde, se repita nuevamente esta grabación. Con tal abundancia de posibilidades es lógico que en esta sección se deje a un lado la opinión particular sobre el hecho noticiable y remita al lector/a a los citados medios para que saque sus conclusiones.
No obstante, y como asunto específico, no me resisto a dejar pasar que, como cualquier espectador, he tenido constancia de las intervenciones del presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, y he quedado pensativo por una frase que éste pronunció en relación a unos terrenos calificados de agrícolas o rurales (desconozco la denominación exacta) susceptibles de ser recalificados de urbanizables, propiedad del ex presidente de la Ciudad y líder de Coalición por Melilla, Mustafa Aberchan, quien los compró dos años después de dejar el poder local. En concreto Imbroda, dirigiéndose a Aberchan, dijo: “... olvídese de este pelotazo urbanístico porque no lo va a tener usted nunca. (En) Esa propiedad, va usted a sembrar patatas, se lo aseguro yo, mientras yo sea presidente de la Ciudad Autónoma...”.
Al margen de cómo accedió Aberchan a la propiedad de esos terrenos que exige una valoración detenida y, además, es noticia vieja, la frase de Imbroda perturba en unos momentos en que el Gobierno de la Ciudad reivindica ante el Ministerio de Administraciones Públicas plenas competencias en materia de Urbanismo. Inquieta pensar que el presidente Imbroda fuera tan rotundo en una intervención pública: "... se lo aseguro yo, mientras yo sea presidente...”. ¿Dónde está el servicio público por encima de los intereses particulares o partidistas?, ¿dónde está el estudio que certifique que es mejor para la ciudadanía que esos terrenos deban mantener su actual calificación?, ¿serán afectados por esta medida los terrenos colindantes? ... y tantas otras preguntas que nos podemos hacer usted lector/a y yo ante el posicionamiento que mostró ayer Imbroda.
Cuando retomé esta sección, tras el periodo estival, volví a escribir: “a mi lo del excesivo desarrollo autonómico me repele un poco y me expliqué entonces: en Melilla, cuando se asumen transferencias del tipo que sea, se unifican todas en una sola Administración, es decir, municipio, diputación y gobierno autónomo están configurados en lo que denominamos Ciudad Autónoma y, por tanto, corremos el riesgo de jugar a una sola carta; si ésta es buena, perfecto, pero y ¿si es mala?, a esperar que cambie el viento. Todavía no se han definido órganos fiscalizadores de control de la gestión que tengan verdadera operatividad. Ni siquiera existen consejos consultivos o, por ejemplo, el Consejo Económico y Fiscal; por no hablar de la 'Comisión interruptus' que siempre ha sido la denominada de 'Control de Contrataciones y Licitaciones'. Esté quien esté en el Gobierno local, el que manda, si dispone de mayoría absoluta, manda de verdad”. Y, hoy, añado que por lo escuchado ayer está claro quién manda.
No se yo cómo se dará la siembra de patatas en el citado lugar.