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Líderes de barro

Archivado en La Nota de Melilla • Fecha: 30-10-2006 16:04:53

Podría escribir que me quedé de piedra este fin de semana al contemplar las imágenes oficiales que la prensa cubana ofreció de Fidel Castro pero, recuerdo, sólo sentí desasosiego porque una figura grotesca -que recordaba de lejos al líder de la revolución caribeña- se esforzaba en realizar movimientos dinámicos que, para el espectador, quedaban en convulsiones arrítmicas de una persona muy mayor que podía quebrarse en cualquier momento.

Quizás sea la última imagen que quede en mi retina de un régimen absolutista que se resiste al cambio, mostrando a un anciano en chandal de Adidas como bastión unificador de la política cubana. Ante tal impacto visual la imagen del joven revolucionario “Che”, impresa en tantos millones de camisetas como símbolo del inconformismo, seguro que se fragmentó y estalló en innumerables porciones para no dejar rastro. Y, para que lo estrambótico rayara el cenit de lo grotesco, faltaba Hugo Cháves quien dijo ayer que Fidel sale del hospital por las noches para controlar los campos, barrios y actividad diversa del pueblo cubano. Increíble pero cierto.
 
No comprenderé nunca el culto al líder, que en algunos regímenes llega al ridículo (recordemos a nuestro Franco por la “Gracia de Dios”) y produce vergüenza ajena en la mayoría de los casos. Quizás sea una herencia de nuestra educación, del influjo de las religiones que contemplan la llegada de un mesías, pues parece que preferimos tener un líder carismático, al que entregar nuestro destino porque él sabrá que hacer en todo momento, a afrontar en comunidad los problemas cotidianos.
 
Recuerdo un día que fui testigo de la toma de posesión de un presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla (entonces alcalde) y todavía siento cómo me interrogué sobre mis cervicales al contemplar las exageradas reverencias que funcionarios y adlátares políticos realizaban ante el nuevo líder, cuando éste se sentaba por vez primera en el sillón de su despacho. Aquel acto de peloteo rastrero me dejó marcado y todavía hoy, muchos años después, vuelve a mi memoria visual junto a las palabras que Julio César le pidió a su esclavo que le repitiera con frecuencia: “recuerda que sólo eres un hombre”, a las que se añade: “y, por tanto, mortal”.
 
Nunca comprenderé el culto al líder; con lo bien que sienta al espíritu poder discrepar.

Escrito por Miguel Gómez Bernardi
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