Ayer me refería a que los presidentes de Ceuta y Melilla, Juan Jesús Vivas y Juan José Imbroda, tienen dos estilos diferentes en las formas de expresarse y, en concreto, cuando se refieren a asuntos que conciernen a la política desarrollada por el Gabinete Zapatero.
Conozco muy poco a Juan Jesús Vivas pero las veces que le he escuchado o visto en televisión me ha parecido una persona educada que, sin olvidar su posicionamiento ideológico, sabe comportarse como representante de todos los ceutíes en un tono moderado y, a veces, con cierto humor. Esta imagen que proyecta Vivas es de agradecer en unos tiempos en que la agresividad verbal forma parte del modelo seguido por muchos políticos mediocres con ambiciones evidentes.
Sin embargo, en Ceuta no convence totalmente el comportamiento de su presidente y se le pide a Vivas que no asienta con tanta facilidad, según he podido leer hoy en el diario “El Faro” de Ceuta, en un artículo de reflexión de Carmen Echarri, en el que se dice que: “buena parte de la ciudadanía apostaría por tener un presidente algo más directo, no tan beneplácito con todos -más si cabe cuando sabe que no puede cumplir todo lo que promete- y, ciertamente, más polémico, quizá por eso de que la ‘salsa’ que aportan perfiles concretos genera una vidilla reclamada por una ciudad que se encuentra, a menudo, atrapada en debates que nunca terminan de cerrarse. Aún así, el mantener las formas, el dominar un carácter inadmisible en una institución y el mostrar un respeto hacia Madrid aunque abandere distinto color político se incluye dentro del cupo de normas intocables que Vivas respeta mientras que Imbroda se salta a la torera, dejando en muy mal lugar a la propia ciudadanía melillita”. Ese el punto de vista que tiene la periodista del diario ceutí sobre los dos presidentes aunque el melillense sale peor parado en su apreciaciones, sobre todo cuando dice: “A estas alturas de la película nadie sospecha, creo que ni piensa, que el presidente Imbroda va a cambiar su tono amenazante, sus alardes prepotentes y su despotismo ilustrado por un ‘amén, amén’ al Gobierno”.
En fin, poca gracia le tienen que hacer a Imbroda estos comentarios con todo el esfuerzo que hizo el año pasado durante la “crisis de las vallas” para recorrer España visitando medios de comunicación y determinados foros. Y, especialmente, cuando se pare a cuantificar el dinero gastado en estos “bolos”, o en los capítulos de publicidad institucional, imagen y derivados.
Y es que en cuestiones de comunicación e imagen no se puede “controlar” totalmente el resultante final pues, a veces, el destinatario del mensaje se salta las reglas establecidas, o prefijadas, y tiene la osadía de interpretar a su manera el producto emitido, editado o difundido por cualquier medio. En determinadas ocasiones no se puede disimular la mirada, el tono, la postura, los tics... del comunicante. Hay que tener en cuenta que, pudiera ser, la percepción del destinatario se estimule más por los sentidos que por la lógica que se desprende del mensaje, el cual, a veces, está confeccionado en base a unos estudios demoscópicos que se dan por ciertos y pueden estar equivocados. Siempre existe la posibilidad de que la interpretación del mensaje sea libre y diferente en cada receptor/a que se mueve entre la educación asimilada y las preferencias socio-económicas.
Las formas son importantes y la apreciación genérica que se tiene sobre Vivas con respecto a Imbroda es un ejemplo.