Está previsto que el próximo sábado se celebre en varios países el Día de la Defensa de las Migraciones y, por este motivo, en Melilla la Asociación Pro Derechos Humanos ha organizado un acto para ese día que se desarrollará a la una de la tarde, en la explanada que da acceso al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). El secretario de esta organización, José Alonso, informó ayer que el acto, abierto a la participación ciudadana, partidos políticos y organizaciones diversas, “será sencillo” y explicó que se procederá a leer “un manifiesto, que es el mismo que se va a leer en toda Europa y en toda África” (disponible en Internet). Asimismo se contempla que alumnos del Conservatorio de Música interpreten una pieza musical y los alumnos de la Escuela de Arte desplieguen una pancarta con lemas relacionados con la inmigración que, según el Diario Sur, “rodeará la representación del drama que supone cruzar una valla y no conseguirlo”. Para Alonso “este acto es una denuncia de la inhumanidad con la que se están tratando estos temas, porque pensamos que la valla que tenemos no trata bien a nuestros semejantes”.
Lo cierto es que la celebración internacional del derecho a las migraciones coincide con el primer aniversario de los asaltos masivos a la valla de Melilla que se produjeron en los meses de septiembre y octubre del pasado año. Asaltos que también se dieron en Ceuta y que conllevaron multitud de heridos y catorce personas muertas en los alrededores de los perímetros fronterizos, así como el desalentador peregrinaje de cientos de inmigrantes que fueron soltados en pleno desierto. Aquellos hechos se han establecido como el inicio de un cambio de la política europea con respecto a la inmigración ilegal procedente de África que ha conllevado, hasta el momento, actuaciones de refuerzo del control fronterizo, tanto terrestre como marítimo; tímidos acuerdos con algunos países fuentes de emigración para las repatriaciones; y escasas medidas para paliar la lamentable situación social y económica que se da en la mayoría de los países africanos.
Hoy, un año después, las vivencias dramáticas se han trasladado al Atlántico mientras que aquí, en Melilla, la tensión ha disminuido drásticamente: no hay presión migratoria destacable; a pesar de que hace unos días un pequeño grupo de inmigrantes intentó atravesar el nuevo dispositivo fronterizo que se ha instalado en este tiempo (con la inclusión de la famosa sirga tradicional) y en el que todavía permanece, de manera insólita e inexplicable, la peligrosa concertina (alambre de espinos) que tantos heridos ha ocasionado.
En este año transcurrido desde los asaltos, los nombres de Ceuta y Melilla han aparecido como ejemplos de la política europea con respecto al fenómeno migratorio y miles de artículos, tesis y libros sobre el tema se han escrito, muchos de ellos están disponibles en Internet y hay interpretaciones para todos los gustos. Sirva como ejemplo la última publicación que he encontrado, de esta misma semana, que ha editado Migreurop, una federación de organizaciones no gubernamentales, constituida en Francia: “Guerra a los emigrantes. El libro negro de Ceuta y Melilla”. En la introducción de este libro (106 páginas y disponible en la red para su descarga) se señala que el objetivo es “dar la palabra a las víctimas de los acontecimientos del año pasado, replantear al mismo tiempo esta represión en el contexto europeo de externalización de las políticas de control de las fronteras y de denegación de los derechos a la circulación de las poblaciones del Sur. Las 17 muertes de Ceuta y Melilla son en efecto la consecuencia más visible de una política que continúa y cuyas víctimas innumerables quedan reducidas al silencio y al anonimato”.