La presidenta de la Cámara de Comercio y de la Confederación de Empresarios de Melilla, Margarita López Almendáriz, ha vuelto a reiterar que estima necesaria la creación del Consejo Económico y Social (CES) en la ciudad porque puede ser el organismo oportuno que, entre otros temas, podría estudiar “la situación que tiene Melilla ante la Unión Aduanera. Nuestro estatus actual y qué podría ser”.
En intervención pública López Almendáriz destacó que la permanencia fuera de la Unión Aduanera Europea crea problemas debido a innecesarios trámites burocráticos, costosos para cualquier importador, así como advirtió que las actuales ventajas que existen al estar fuera de la unión no son tales porque es muy posible la desaparición de la rentabilidad del conocido negocio “atípico” (contrabando tradicional en la frontera de Melilla). También abogó López Almendáriz porque se estudie la construcción de un parque tecnológico y la celebración de una feria de muestras en la ciudad.
Descorazona escuchar a López Almendáriz cuando se pronuncia sobre estos temas que podrían contribuir a la revitalización del tejido socioeconómico de la ciudad porque, en mi opinión, clama en el desierto, o quizás, en un hábitat donde existe demasiado ruido que impide comprender el objeto de sus peticiones. Conceptos como el CES, parque tecnológico y feria de muestras tienen ya mucho espacio en la última década de la hemeroteca de las noticias melillenses. A mi memoria viene más de una intervención pública del ex presidente de la Ciudad, Ignacio Velázquez, quien quiso impulsar estos tres proyectos. De hecho, intentó ubicar los dos últimos (parque y feria) en el extra radio de la ciudad, en zonas comprendidas entre la “pista de carros” y la carretera de circunvalación. También recuerdo que estos objetivos, los tres mencionados, figuraron en el programa electoral del Partido Popular. Sin embargo, el tiempo es un juez implacable y las fuentes ornamentales han sustituido a las acciones en favor de la revitalización económica de la ciudad.
A veces creo que la política melillense se asemeja en sus manifestaciones al patio de un colegio durante un recreo y, así, tantas declaraciones (de polémica partidista) con sus réplicas y contra réplicas correspondientes impiden escuchar a portavoces de determinados sectores que también quieren el desarrollo de la ciudad. En pro del buen gobierno los políticos locales deberían tomar más en serio la existencia de otro tipo de representantes, públicos y privados (no sólo me refiero a los del sector económico), que también han sido elegidos democráticamente y que canalizan las inquietudes ciudadanas.
Siempre he creído que saber escuchar implica el abandono de la soberbia que es muy mala compañera.