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Entre la presión y el estupor

Archivado en La Nota de Melilla • Fecha: 08-04-2006 10:24:01

Hace unos días, en la última entrega de este diario de garaje que escribo sin objetivo concreto y sólo para mantener activos los dedos sobre el teclado, comenté que debido a la proximidad en el horizonte de las Elecciones locales, corrían ya por Melilla nuevos vientos informativos. Escribí entonces que la maquinaria de las empresas, públicas y privadas, sufren o sufrirán en breve, diversos cambios para afrontar este periodo de intensa actividad que se acerca y que, encuestas y predicciones al margen, nadie sabe qué desenlace tendrá.

Hoy reitero lo escrito tras conocer que ha aumentado la presión, procedente de miembros de la clase política, sobre los responsables de diferentes medios informativos aunque, lo siento lector/a, no puedo dar nombres porque traicionaría a las fuentes que me han descrito diversas situaciones. Sin embargo, creo, es mi deber reseñar aquí que la presión aumenta.

Vivimos días de acusaciones directas y veladas sobre corrupción, intereses ocultos y no se cuántas cosas más que extienden una sombra de sospecha sobre cualquier actuación de diferentes responsables de áreas de gestión de las Administraciones local y central. En los últimos días han sido noticia en esta línea las actuaciones urbanísticas, la unificación de dos centros educativos, la contratación de un familiar, nuevamente el laudo de la limpieza, la contratación y despido de cooperativas, ... etc. Acusaciones vertidas públicamente y que, por el tinte que tienen, son susceptibles de acabar en los tribunales aunque la experiencia me indica que no todas las querellas anunciadas públicamente acaban siendo presentadas. No obstante, cuando uno considera que es objeto, víctima, de una falsa acusación, el camino lógico en el estado democrático en el que vivimos es acudir a los tribunales pero todos somos conscientes de que la Justicia es lenta y, aunque sea justa al tiempo, a pesar de que su dictamen sea favorable a la supuesta víctima de difamación, cuando el tema ha sido noticia reiteradamente, no suele resarcir totalmente a ésta por aquello de que siempre “algo queda” en la memoria colectiva.

Sin embargo, cuando las elecciones asoman a un año vista, los miembros de la clase política se ponen nerviosos y, al no confiar en que el desenlace judicial se produzca antes de los comicios, vuelven su mirada a esa especie de tribunal público en que, a veces, se convierten los medios de comunicación al verter día a día, gota a gota, nuevos datos sobre un hecho determinado. Entramos, por tanto, en el juego de la guerra mediática, de la “desinformación y la contra desinformación”, o de la “intoxicación informativa y la justificación desesperada”, por ponerle calificativos a ese combate mediático del que somos testigos los lectores, radioyentes y telespectadores.

En esa coyuntura nada extrañaría si el soporte en que nos llega ese cruce de informaciones-acusaciones se mantiene independiente a los intereses de los adversarios en liza. Sin embargo, aquí, en Melilla, es lógico que se dude de la independencia del soporte -los medios de comunicación- cuando su principal fuente de ingresos proviene de una Administración, la local, gobernada, a través de mayoría absoluta, por uno de los contendientes.

Y la duda se vuelve estupor cuando uno escucha al máximo responsable de la Administración local, Juan José Imbroda, en réplica a unas denuncias efectuadas desde el PSME-PSOE, decir: “lamento que se recoja en los medios de comunicación estas técnicas estalinistas. De todos modos, anuncio desde aquí que ya procederé, por supuesto, contra el que lo diga y contra el que publique, de aquí en adelante, noticias de este tipo sin confirmar”.

Se olvida el señor Imbroda que los periodistas, quienes prestan un servicio a la ciudadanía al informar, están obligados a reproducir el contenido de las declaraciones -que sea entendido como de interés público- de fuentes autorizadas, reconocidas, y para ello existen las comillas en la prensa y los cortes en las radios. No lo dice quien informa sino la fuente informativa.

Escrito por Miguel Gómez Bernardi
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