Hoy los medios de información de ámbito local dedican, nuevamente, espacio privilegiado al cruce de acusaciones entre Mustafa Aberchan y Juan José Imbroda y, así, se escribe otro capítulo de la rivalidad más característica de la ciudad desde hace casi siete años, el cual deja en el aire una alargada sombra sobre las actuaciones de uno y otro. Reitero lo escrito ayer y espero, como muchos melillenses, el nuevo capítulo de este culebrón.
Mientras, el desempleo continúa en progresión ascendente y se despega de la cifra de los siete mil camino de los ocho mil. Increíble pero cifra cierta. Por ahora, como remedio inmediato, sólo se puede estar a la espera de que se pongan en marcha los Planes de Empleo de 2006 que contribuirán a que se maquille la realidad de una ciudad sólo sostenida por el sector público, el funcionariado, porque el sector privado no despega, a pesar de tanto dinero proveniente de fondos europeos y del Estado que se ha empleado en la revitalización del tejido socio-económico de Melilla.
Dentro de este área se encuadra la visita a la ciudad de la secretaria de Estado de Cooperación y Administración Territorial, Ana Leiva, y del director general de Empleo, Valeriano Baíllo, para tratar el convenio con las empresas de la bonificación del cuarenta por ciento en las cuotas a la Seguridad Social pero, como parece que es norma en Melilla, el desencuentro, en este caso entre Delegación del Gobierno y Ejecutivo local, deja fuera a este último de las reuniones que se van a mantener para debatir sobre la posiblidad de ampliar la bonificación en diez puntos. Ésto no hay quien lo entienda porque hay que reconocer que los Ejecutivos de Ceuta y Melilla lideraron la puesta en funcionamiento de esta medida.
Y, si desencuentros tratamos, qué le voy a contar lector/a sobre el tema del cerramiento de la Ensenada de los Galápagos, ... ponga usted el calificativo, yo no lo encuentro. Sólo recuerdo los baños increíbles que he disfrutado en mi juventud en la playa de Trápana a la cual, por cierto, ahora se puede bajar por la Cueva del Conventico pero no te dejan que te bañes tras utilizar ese acceso. Burocracia, o burrocracia, no lo tengo claro.