Me están cambiando la ciudad y no me había enterado. Ya no sé, ni entiendo, qué está ocurriendo pero, quizás, la historia es elíptica y pasa por etapas muy parecidas porque si no, no acierto a comprender diversos hechos.
Me explico: comencé a dudar de algunos de mis conciudadanos en aquellos días en los que se conmemoraba el trigésimo aniversario de la muerte del anterior jefe del Estado, fechas en las que asistí, como muchos melillenses, a la esperpéntica retirada y vuelta a su lugar de la estatua de Franco a la entrada de Melilla, la salida del puerto, para que todo visitante la contemple y sepa dónde llega. Ah, eso sí, Franco emulado en el cargo de comandante, como liberador de la ciudad de los ataques rifeños. ¡Vaya por Dios! y yo que creía que ya estábamos en otra sociedad surgida tras el proceso de nacionalización de los imazighen en la década de los ochenta.
La verdad es que no me extrañó mucho el citado viraje que dio la imagen porque emuló lo que ocurre en realidad: creíamos que el pasado protagonizado por la derecha radical se había disipado de España pero no, ha vuelto en un inmovilismo propio de los tiempos del gobierno de Arias Navarro. Y aquí, en estas latitudes, la vuelta a las posiciones radicales se pudieron entrever en las manifestaciones reiteradas y frecuentes de nuestras autoridades sobre la españolidad de la ciudad y el supuesto, o virtual, entreguismo de ésta que efectúa el Gobierno socialista al Reino de Marruecos mientras que los independentistas catalanes buscan la secesión. ¡Ay que me duele España y su unidad! y ya no se acuerdan que heredamos el Reino de las Españas, varios que fueron sus reinos, después regiones, hoy autonomías o nacionalidades.
Pero, con la salida de tono del teniente general, algunos vieron en el Ejército el esqueleto, estructura, en el que apoyar sus tesis para soportar la unidad de la patria y, como punta de lanza, se lanzó un miembro con arrojo, un capitán, el de la Bandera del Comandante Franco, el que vendía vinos con ese nombre. El escrito del supuesto novio de la muerte marcó un antes y después en el tono creciente de las reivindicaciones, o mejor, de los anhelos inmovilistas. Y, así, la noticia recorrió las Españas en pleno debate sobre el “Estatut” de Cataluña, ese documento con el que nos quieren aligerar la cartera a las demás autonomías, según entiendo de las palabras de Juan José Imbroda, nuestro último y preclaro guía para entender la política nacional, todos los días hay ejemplos claros de ésto en las declaraciones del presidente del Ejecutivo local en las páginas de los periódicos locales y, cómo no, en la televisión pública TVM.
En medio de todo el lío surgió Carlos Benet, el senador perpetuamente desaparecido, quien, tras soltar un exabrupto en el que recordó a Pavía y Tejero, ha vuelto a su quehacer diario, a redactar otra iniciativa parlamentaria (dos en casi veinte años).
Tras estos hechos descritos estaba yo un tanto desalentado últimamente, porque no llegaba a comprender qué pasaba, cuando ha aterrizado por estos pagos Tejero, sí, el del bigote y el tricornio que entró un día ya lejano en el Congreso de los Diputados, sí ese, que ha añadido confusión en el panorama actual: ha escrito en el diario Melilla Hoy una carta en la que expresa su sentir por España, la única, no la plural pero mire usted por donde, al golpista le traiciona el subconsciente y al final de su misiva pide a Dios que ilumine al Rey de las Españas, ¡Ay, si hasta Tejero ya no sabe si somos una o más!.
En fin, qué le vamos a hacer, parece que en Melilla se ha iniciado la reconquista virtual, el pendón desde el que hay que defender la unidad de la patria, la “Adelantada” donde se inició la tragedia vil que marcó varias generaciones, y todo ocurre unos días antes de que llegue el presidente Zapatero, el principal culpable de esta desmembración de las Españas, según dicen todos los que he citado anteriormente.
¡Vaya ambiente!... y ¡qué morbo tiene la visita!.
Lo escrito, me están cambiando la ciudad.