El Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos ha dado a conocer los datos de la encuesta o barómetro sobre política exterior correspondiente a noviembre de 2005, los cuales señalan, según la interpretación que nos aportan hoy los medios de comunicación, que el 68 % de los encuestados “teme que el incremento de la población musulmana en Ceuta y Melilla en los próximos años facilite la reivindicación por Marruecos de la soberanía de ambas plazas”. Aquí tenemos la polémica, una vez más, que traerá consecuencias políticas y la actualidad informativa se llenará de declaraciones al respecto.
No puedo interpretar una encuesta que desconozco pero me quedo con el titular, pues es inquietante porque da a entender que la mayoría de los españoles desconfían de una comunidad que luchó por obtener la nacionalidad hace dos décadas y que, como una vez me puntualizó un amigo, juró la Constitución mientras que otros somos españoles por transmisión de derechos de nuestros padres.
Hecha esta consideración, el titular me preocupa también porque, en realidad, saca a relucir uno de los miedos tradicionales existentes en esta ciudad y que entre todos hemos contribuido a extender al resto del territorio nacional. Sin embargo, a la par de que todos los melillenses somos culpables de la imagen que transmitimos, en mayor o menor medida, por acción u omisión, la mayor parte de la responsabilidad cae en la clase política. En concreto, en aquellos que constantemente sacan a relucir la bandera de la españolidad y vierten veladas dudas sobre la fidelidad de otros a la citada enseña.
Lo he escrito antes, ahora vivimos tiempos muy interesantes, decisivos para nuestro futuro inmediato, y somos foco de atención de muchas miradas. Ésto no tiene por qué suponer un peligro para nuestra estabilidad, sin embargo, no podemos equivocarnos y deberíamos actuar con sensatez en muchos temas. Para ello, como he escrito antes, insto a los representantes políticos a que se sienten alrededor de una mesa, dialoguen, discutan y consensuen una política común a defender para los próximos años. No es muy difícil, sólo con dejar a un lado, o atenuar los intereses personales o partidistas, es posible llegar a acuerdos sobre la reforma del Estatuto de Autonomía; el destino de los fondos provenientes del Estado o de Europa para reformar el tejido socio-económico de la ciudad; la lucha contra la población marginada y el alto número de desempleados; la eliminación de los fracasos escolares ... etc. En suma: pactar una política de ciudad que muestre a quien nos observa que formamos una comunidad, una, la melillense que, por definición y por qué no, también por conveniencia, es española.
Ahora bien, también hay que señalar que si se quiere eliminar la desconfianza, todo pasa por conocer el número de personas que en la actualidad tienen la doble nacionalidad (ilegal, por cierto): la española y la marroquí. Eso sí sería jugar claro y con las cartas boca arriba. Me gustaría, como a muchos, conocer ese número porque yo juego a la descubierta, ¿y usted lector/a?.
Otro aspecto a tratar sería el interés real que tiene Marruecos en estos momentos, y en los próximos años, por el cambio de soberanía de la ciudad pero eso es tema para escribir un libro, no para una “nota” de opinión.