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Los números, las intervenciones y los términos

Archivado en La Nota de Melilla • Fecha: 15-12-2005 19:51:29

No se si estoy desorientado, confundido o confuso ante la excesiva cantidad de números que llenan la actualidad de la jornada. La casualidad o el tiempo en que estamos de final de ejercicio han influido en que estos días previos a la Navidad, cuando todos estamos echando cuentas sobre lo que nos va a costar (reflexionando en cientos de euros), los medios informativos nos inundan con cifras millonarias que cuesta interpretar.


Por un lado, parece que todo va bien para nuestros intereses en el seno de la Unión Europea y nos han soltado un pequeño porcentaje de los presupuestos (25 millones de euros), en forma de partida con destino a la ayuda a la inmigración, que aquí, aplicada a nuestras escasas dimensiones como territorio, deslumbra. Esperemos que se aproveche para estructurar el servicio que se presta y no desaparezca como granos de arena entre las manos, como en anteriores ocasiones ha ocurrido. Sin embargo, el debate en la cúpula de la Unión Europea todavía no está cerrado y esta cantidad puede variar, así como también pueden acordar los Gobiernos europeos nuevas cantidades comprendidas en los Fondos de Cohesión y en inversión en tecnología.
 
También se trata hoy en los medios de comunicación de ámbito local, y ya no es novedad, el tema de los Presupuestos Generales del Estado y las partidas que están destinadas a Melilla. La verdad, como ya me ocurrió el mismo mes del año anterior, no me entero pues, según escuche a representantes del Gobierno central y PSME-PSOE o a sus pares en el Gobierno local y PP, las cifras y las valoraciones ni coinciden, ni se asemejan. Ya el año pasado pedí, solicité, rogué un debate público abierto en cualquier emisora de radio, informe comparativo en periódicos, o debate abierto en la televisión pública TVM, para conocer quién dice la verdad y quién no. Sin embargo, la situación se ha repetido un año más y, lógicamente, he incrementado mi escepticismo con respecto a la clase política.
 
En esta lluvia de números que en estos días nos inunda, da la impresión que a los políticos les da igual el fondo de los temas y modelan las formas de tal manera que los términos empleados, en el contexto en que son pronunciados, difieren de su significado real. Por ejemplo: hoy podemos leer que el consejero de Hacienda ha asegurado que el presupuesto de la Ciudad para el próximo año experimentará un incremento “espectacular” en temas sociales, lo que demuestra, ha dicho, “que damos un paso importante hacia la igualdad y la solidaridad”, asimismo, sobre este mismo tema, ayer escuché que este incremento en gastos sociales demuestra que el Ejecutivo tiene un carácter “progresista”; es decir, según el diccionario, “partidario del progreso, en particular del político y social”. Sin embargo, creo -y es una interpretación personal- que el alto grado del gasto en temas sociales no se puede traducir como una acción de ir hacia delante en el modelo de sociedad, en la búsqueda de esa “igualdad y solidaridad”. Creo, desde mi humilde opinión, que el alto porcentaje en los presupuestos para el área citada supone la confirmación de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) que publicó el otro día el Instituto Nacional de Estadística en la cual se señalaba que Melilla tiene el 37,2% en la tasa de riesgo de pobreza, a la cola de España que se dice. En realidad, señor consejero, debido a la demanda, al alto número de usuarios, hay mucho gasto en lo que antaño se denominó “beneficencia”, término que se ha borrado del manual de expresiones del político medio pero que todavía hoy en día sigue siendo útil, debería de estar en vigor porque su empleo sería más exacto.
 
Política progresista es promover, financiar, gestionar... políticas activas para erradicar la pobreza y la marginación con acciones que contribuyan a la mejora del tejido socio económico de la ciudad, el cual, por cierto, está de “capa caída”.
 
En fin, concluyo, este comentario es una interpretación personal de un extrabajador de un organismo que se creó para desarrollar esas políticas activas, el Pacto Territorial por el Empleo, y que ustedes, los políticos, “decapitaron” porque no podían manejarlo a su antojo.

Escrito por Miguel Gómez Bernardi
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