Ayer la celebración del vigésimo séptimo aniversario de la aprobación de la Constitución nos trajo la sorpresa, o la confirmación de ésta, de la próxima visita del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a Melilla. Es un hecho significativo que, por segunda vez, el presidente del Gobierno haya elegido un momento de máxima difusión para referirse al citado viaje.
Con el anuncio efectuado ayer a los periodistas, Zapatero contesta al Ejecutivo local que el pasado lunes, a través del consejero de Presidencia, Abdelmalik El Barkani, manifestó sus dudas sobre el viaje anunciado. Así que en este mes que queda estaremos expectantes sobre las repercusiones que pueda tener la segunda visita de un presidente del Gobierno español como tal a la ciudad.
Quizás habría que señalar, o pedir, aquí a nuestros representantes políticos que preparen la recepción de forma adecuada y que no se vuelvan a repetir situaciones como las que se han dado en los últimos meses con las visitas de miembros del Gobierno central y, en concreto, me refiero a la estancia de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Creo que la ciudadanía en general está satisfecha del anuncio de la visita y también espera de ella el inicio de una nueva etapa para la ciudad. Entre todos, dejando a un lado los intereses particulares de cada partido, hay que trabajar para que el ambiente de colaboración exista verdaderamente en esos días. Hay que ser pragmáticos y aprovechar la ocasión porque, a la vista de la historia, estos encuentros se producen cada varias décadas. No desperdiciemos esta oportunidad por ambiciones personales. Por favor.
El acto institucional y el circo
Sin embargo, ayer sí percibí algunos rasgos típicos de ambiciones personales o defensa de intereses partidistas en el desarrollo del acto institucional de conmemoración del aniversario de la Constitución. Nuevamente este acto estuvo alejado de la ciudadanía que no se dio por convocada y, por las declaraciones que hoy se repiten en casi todos los medios de comunicación, también la clase política estuvo alejada de la situación que vive la ciudad dentro del sistema democrático que conmemorábamos, tan sólo Jadu Driss eligió el camino de reivindicar mejoras sociales a nuestra actual coyuntura para sentenciar al final: "respetar la Constitución significa defender sus ideales éticos, sus valores, sus principios, este es el único y autentico homenaje que podemos brindarle en su veintisiete cumpleaños".
Por otro lado, me resisto a dejar de escribir que siempre existe la sorpresa cuando uno acude a ver actos tan serios y protocolarios y el surrealismo aparece cuando uno menos lo espera, así que, en este sentido, hay destacar que la nota pintoresca la puso ayer la consejera de Cultura, Simi Chocron, quien a unos metros del monolito dedicado a la Constitución, anunció que "El circo estará presente en las fiestas de Navidad de la ciudad" (ver El Telegrama"). Al fin y al cabo, no se si llevada por el ambiente de farándula, Chocron creyó que era el momento apropiado de hacer realidad el dicho de que al pueblo hay que darle "pan y circo" y se lanzó a anunciar su buena nueva. Ante tal noticia es lógico que nos olvidemos de los peligros que amenazan a nuestra Constitución y que tanto cuidado y esmero tuvo Imbroda de detallarnos en un discurso que se supone institucional y alejado de las tesis partidistas.