He leído con especial curiosidad el artículo de opinión de la diputada local de Coalición por Melilla (CpM), Salima Abdeslam Aisa, publicado en la "Tribuna pública", del diario Melilla Hoy, bajo el título: "No dejes que la verdad te estropee un buen reportaje", el cual se puede entender como una réplica a un artículo publicado por el diario "El País" referente a su persona, a propósito de la toma de posesión de su escaño en la Asamblea en sustitución de un compañero.
Es muy interesante el escrito de la diputada local de CpM porque discrepa del sentido que se le ha dado en el citado artículo del diario nacional a sus palabras pero, quizás, ha tardado Salima Abdeslam en publicar su réplica aunque, al final, lo ha hecho en un medio de su ciudad y eso es lo importante, expresar a sus vecinos lo que realmente siente.
Los que llevamos en estas lídes algunos años estamos acostumbrados a este tipo de problemas, solemos ser observadores privilegiados de la llegada de nuestros compañeros/as peninsulares y extranjeros/as a la ciudad. Conocemos por sus palabras, sus impresiones iniciales, las ideas que traen para trabajar el futuro artículo, reportaje, entrevista, programa,... y, exceptuando a algunos/as, en la mayoría de los casos traen ya el prisma preparado, su percepción particular proveniente de sus circunstancias personales, de su formación, de la línea editorial del medio en que trabajan... etc. Normalmente no llegan abiertos a descubrir nuevas opiniones, otras formas de entender los hechos y por ello, creo, estimo, en muchos casos, los trabajos publicados no difieren en gran medida entre sí en la forma de tratar algunos aspectos de la vida de las gentes de esta ciudad. También, es posible, nosotros vivamos demasiado apegados a nuestro entorno y, tanta implicación, condicione en exceso nuestro prisma y nos empuje a esa discrepancia desde la que escribo estas líneas.
Dice Ryszard Kapuscinski, maestro de periodistas, que éstos/as tienen que tener presente que "trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente. Con nuestras palabras, con lo que escribimos sobre ellos, podemos destruirles la vida. Nuestra profesión nos lleva por un día, o acaso por cinco horas, a un lugar que después de trabajar dejamos. Seguramente nosotros nunca regresaremos allí, pero la gente que nos ayudó se quedará, y sus vecinos leerán lo que hemos escrito sobre ellos. Si lo que escribimos pone en peligro a esas personas, tal vez ya no puedan vivir más en su lugar, y quién sabe si habrá otro sitido a donde puedan ir". Evidentemente no estamos ahora en un caso de gravedad, como puede ser un conflicto bélico o algo similar, pero es fácil comprender la esencia del mensaje de Kapuscinski quien añade más adelante sobre el mismo tema: "hay que medir las palabras que usamos, porque cada una puede ser interpretada de manera viciosa por los enemigos de esa gente. Desde este punto de vista nuestro criterio ético debe basarse en el respeto a la integridad y la imagen del otro. Porque, insisto, nosotros nos vamos y nunca más regresamos, pero lo que escribimos sobre las personas se queda con ellas por el resto de su vida...(1)".
Con la plasmación de las consideraciones que hace Kapuscinski no quiero ni poner ni quitar sobre el tema planteado por la diputada local de CpM, mi objetivo es recordar a los compañeros/as que cuando entren en esta ciudad se desprendan temporalmente de la carga histórica que ésta tiene y que abran los sentidos en toda su amplitud. Después, de vuelta al centro de trabajo, analicen lo percibido junto a la información que ya disponían antes de venir aquí. Discernirán con mayor conocimiento sobre las causas y las circunstancias que se dan en esta tierra.
También quiero destacar que, en muchas ocasiones, cuando llegan a Melilla estas personas disponen ya de un comité de recepción, los guías a los que estamos acostumbrados en estas latitudes y, aunque no lo quieran, ni lo perciban los periodistas, al final eso se nota en el producto resultante pues les habrá condicionado el viento que les ayudó a surcar la zona.
He conocido a muchos visitantes en las dos últimas décadas y a pocos he visto deambular por las calles sin mostrar claramente que son reporteros/as; con tanta indiscreción pierden el efecto sorpresa y, difícilmente, podrán observar a las gentes expresarse con naturalidad.
(1) Nota: "Los cinco sentidos del periodista (estar, ver, oir, compartir, pensar) de Ryszard Kapuscinski