Hoy le quiero contar, lector/a, que estoy muy enfadado porque ayer tarde me llamó un representante sindical para informarme que acaban de despedir, de la manera más burda y tosca, a un compañero de la profesión que llevaba algunos años en un medio de comunicación local. Nuevamente la precariedad laboral de los periodistas se demuestra y así nos va. Qué más da, uno más que se va a la calle y llegará uno o una recién licenciado/a con ganas de empezar a trabajar y ocupará su lugar por 800 euros al mes, toda una gran oportunidad para empezar a confeccionar su curriculum profesional, en una ciudad muy interesante desde el punto de vista informativo. Esa es la ilusión con que atraviesan el Mar de Alborán y llegan a Melilla para empezar a ser periodistas porque, hasta entonces, sólo son licenciados/as en Ciencias de la Información.
Al final, esta ciudad es la cantera de futuros profesionales porque aquí pueden aprender muchas especialidades. De hecho, tendrán que actuar en todas ellas porque al no haber una plantilla en condiciones en su empresa tendrán que trabajar casi todo el día y atender todos los requerimientos. Lo malo es que cuando empiezan a dominar el terreno y llegan a tener su propia visión de los hechos... a la calle.
Así no nos extraña el alto número de periodistas que pasan por los periódicos locales y no da tiempo a recordar sus nombres. Ryszard Kapuncisky, periodista de reconocido prestigio que ha creado escuela, cuando reflexiona sobre la situación del periodismo, dice que: "Ahora que la información es una mercancía bajo las leyes del mercado, es decir, destinada a obtener una rentabilidad máxima y apuntar al monopolio, los antiguos héroes del periodismo han sido reemplazados, en buena medida, por un nutrido número de esos anónimos trabajadores de los medios...". El medio ha superado a la firma del articulista, la empresa a la persona.
Este despido, de una persona anónima para la mayoría de los lectores, se une al que sufrió hace un mes un cargo de confianza, la directora de un medio local. Según cuentan los que conocen el tema, éste se debió a que no renunció a las vacaciones que disfrutaba cuando estalló la "Crisis de las Vallas" y permaneció en la Península. No se reincorporó a su puesto de trabajo y, parece ser, ese fue el motivo de su despido. Un ejemplo más de la precariedad laboral de los periodistas locales porque las empresas deben estar estructuradas de tal forma que no se note en el resultado final las vacaciones de cualquiera de sus trabajadores. En este caso la ausencia no se notó en la elaboración del periódico pero es que la empresa, además, tiene una agencia de noticias que surte a otros periódicos y por ello vino el problema. Según cuentan, el empresario vió una oportunidad de negocio en el tema de la "Crisis de las Vallas" y exigió la vuelta de la ausente al trabajo y que dejara sus vacaciones. La "pela" es la "pela".
Y es que ya da igual los compromisos personales que pueda tener adquirido el trabajador/a en su vida privada. En las empresas pequeñas del sector de la comunicación se le pide al periodista que se "case" con su profesión, que viva por y para ella todo el tiempo pero ésta ya no es como antes, según recuerda Kapuncisky: "Normalmente el periodismo se hacía por ambición o por ideales, pero de repente se advirtió que la noticia era negocio, que permitía ganar dinero pronto y en grandes cantidades. Eso cambió totalmente nuestro ambiente de trabajo". Y añade: "el periodismo ha dejado de ser una misión y muchas de las personas que trabajan en los medios lo consideran una ocupación como cualquier otra, que bien pueden abandonar para ingresar a una agencia de publicidad o ser corredor de bolsa". Pero claro, hay que matizar esto último, el tiempo del periodista local no existe como condición o derecho laboral pues está sometido a la producción: "he ahí la lucha permanente entre los editores y los reporteros: unos consideran que es suficiente un día de investigación para producir un artículo; los otros sabemos que eso no es posible" (Kapuncisky). La producción es primada con respecto a la calidad de tal forma que, a nivel local, un periodista puede "llenar" muchas páginas en un día sin haber podido reflexionar e, incluso, repasar lo escrito.
Esa es la realidad que impregna hoy la profesión: la vocación ha dejado paso al rendimiento empresarial y llega un momento que no se diferencian las cadenas de producción de un periódico y de una lata de conservas. Eso no puede ser así y si se quiere un mínimo de calidad y criterios propios no se puede seguir en esa dinámica.
Y todo ésto con contratos millonarios entre las empresas de comunicación de ámbito local y el Ejecutivo de Melilla. Si ahora estamos en "vacas gordas", no quiero pensar cuando lleguen las "flacas".
La vuelta de Franco
Hoy también estoy enfadado porque, al final, el Ejecutivo local ha decidido que la ciudad sea noticia a nivel nacional con este titular: vuelve Franco a las calles de Melilla. Una semana antes del trigésimo aniversario de la muerte del anterior jefe del Estado, Melilla se "adelanta" a la conmemoración y reinstala la estatuta del comandante Franco que llegó a ser generalísimo. El hecho en sí ya no merece más comentarios en esta sección, reiteramos lo escrito (ver La nota 10/11/2005), tan sólo cabe señalar que hay que administrar los tiempos, ¿qué necesidad había de una vuelta tan rápida?. Este nuevo hecho en los días previos a la conmemoración lleva a una doble lectura y por ello me enfado, porque siento que unos pocos manipulan la realidad de la ciudad según sus intereses, en este caso electorales, no por los generales de la ciudadanía.