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El enroque y la vuelta del comandante Franco

Archivado en La Nota de Melilla • Fecha: 10-11-2005 09:39:44

Cuando un ejecutivo deja pasar una ocasión tan ventajosa como la remodelación global de una vía pública para trasladar un monumento polémico a otro lugar es porque tiene verdadero interés por su permanencia, porque está convencido de su simbolismo. Si a ésto le unimos que justo al día siguiente de trasladar el monumento a un almacenaje provisional, el responsable del área, en este caso el consejero de Fomento, Rafael Marín, comparece públicamente para asegurar que el monumento, la escultura del comandante Franco, volverá a ser instalada en la zona, no cabe duda que desecha con su posicionamiento cualquier otra interpretación que pueda surgir entre los detractores de la permanencia de la citada escultura en el lugar. Ha sido un jugada de enroque rápido de Marín que aseguró ayer que ha sido un traslado "provisional" y que "la escultura del comandante Franco va a volver a donde estaba".

En comparecencia pública argumentó el consejero que la escultura se instaló en 1977 y que se hzo en alusión al papel que jugó el comandante legionario después de desembarcar en Melilla en julio de 1921, tras el "Desastre de Anual". Perdone el consejero pero eso ya no se lo cree nadie porque su instalación se hizo cuando el país vivía unos momentos de transformación hacia la democracia y aquel hecho se sintió por parte de la ciudadanía como una demostración nostálgica del régimen que agonizaba tras la muerte de su líder. Históricamente se puede definir aquella instalación de la escultura en la entrada de la ciudad como una expresión de resistencia a que los tiempos cambiaban; se disfrazara como se disfrazara, con uniforme de legionario o de generalísimo, ésto último hubiera sido ya muy duro de digerir en pleno camino hacia la aprobación de la Constitución de 1978.
 
No dudo que el comandante Franco merezca un monumento; puede que sea acreedor de ello, pero, también, lo merece el comandante de la otra bandera legionaria, Carlos Rodriguez, que desembarcó junto al primero. Y puestos a homenajear, por qué se hace con los oficiales y no con la tropa en general que vino a entregar sus vidas para salvar la ciudad. No creo que haya nadie que se oponga a erigir un conjunto monumental dedicado a la memoria de aquellos hombres aunque, en ese sentido, ya tenemos el monumento al soldado que se halla en la Plaza de España y otros similares en el cementerio de la ciudad.
 
El Ejecutivo local tiene ahora, con motivo de las obras, la oportunidad de quitar un símbolo que divide a la sociedad y buscarle un lugar preferente en otro lugar histórico, bien en el Museo Militar o en el Acuartelamiento Millán Astray. Y, si quiere homenajear a los legionarios de aquella expedición, que lo haga con todos y no particularice en una persona que después fue uno de los responsables de una guerra cruel y fraticida.
 
Los demás argumentos que se esgrimen sólo suenan a excusas y más cuando se comparece públicamente tan rápido y se reseña que se ha efectuado el traslado con "luz y taquígrafos", qué importancia tiene si el traslado se hace a las tres de la tarde o a las doce de la noche si no es una retirada definitiva. Al final, lo que queda, permítame una broma, son los hechos o el mensaje: Marín anuncia que Franco volverá.

Escrito por Miguel Gómez Bernardi
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