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La memoria y el análisis del presente

Archivado en La Nota de Melilla • Fecha: 15-10-2005 12:15:54

A veces la certeza que da la vivencia de los sucesos influye en que la memoria no nos traicione y seamos fieles a la verdad en la narración de los hechos.

Así debió pasar ayer cuando el coronel de la Guardia Civil, Domingo Aguilera, con una sonrisa -entre mordaz y afable- en los labios, recordó a los desmemoriados periodistas locales que la actual presión en el perímetro fronterizo “es muy similar” a la que se vivió entre 1996 y 1998, periodo en el que “también había mucha presión y el Ejército estaba desplegado en la frontera”. Aguilera instó a los periodistas a que revisen sus archivos para recordar que "en enero de 1998, creo recordar, había alrededor de unos mil subsaharianos, ¿os acordais?, en la Granja Agrícola, que después se construyó el Centro de Acogida Temporal (CAT), antes del CETI, ¿recordais que hubo problemas...?. Entonces, si tirais de vuestros medios atrás ocho años, la situación es como muy similar. Entonces, lo que pasa, es que las avalanchas... Pues las avalanchas, quizás, han sido propiciadas porque la alambrada lo hacía así. Pero, la presión era la misma y, para nosotros el problema era... yo creo que el mismo, ¿sabéis?. Nosotros tenemos.. que no bajar la guardia en ningún momento y lo único que ha pasado en estos últimos días es que ha sido una modalidad distinta pero antes, quizás, era porque no lo necesitaban. Pero no olvidéis que también teníamos en el año noventa y siete ochocientos o mil subsaharianos y no teníamos contabilizados los argelinos, creo recordar, que los empezamos a contabilizar en el mes de marzo, o abril, del noventa y ocho, que había cerca de quinientos...".
 
Nosotros sí tuvimos la prudencia de consultar la hemeroteca para recordar, en esta sección de "La Nota" (11/10/05), aquellos días que se vivieron en la Granja Agrícola y el depósito de automóviles pero, lamentablemente, la mayoría de los profesionales de los medios de comunicación que hoy en día cubren la noticias no llevan tanto tiempo en la ciudad y, quizás por ello, no se han visto motivados a consultar la hemeroteca (escribo lamentablemente porque la precariedad laboral es factor determinante en la continuidad en el puesto de trabajo de los periodistas en las empresas locales del sector).
 
Hecha esta apreciación sobre la memoria de los periodistas, hay que destacar que las declaraciones de Aguilera ponen en cuestión los datos aportados por dirigentes del Partido Popular sobre la presión migratoria en el perímetro fronterizo de Melilla en los últimos años y desmantelan, en cierta medida, la posición que ha mantenido este partido desde que estalló la "Crisis de las Vallas". Aunque, bien es cierto, los sucesos del último mes son muy diferentes a los anteriores en la forma y, sobre todo, por la repercusión internacional que han tenido. 
 
El fenómeno de la presión migratoria sobre Melilla no es nuevo y, por tanto, no se puede analizar de forma sectaria, así como por un sólo periodo de tiempo, hay que estudiar toda la evolución desde sus inicios y diferenciar las fases que ha tenido. Ya lo escribimos en "La Nota" citada, hay que aprender de la experiencia y desarrollar nuevos programas, no sólo de contención, sino de atención e integración. 
 
Es hora que los políticos locales dejen la demagogia partidista y las ambiciones personales y se reúnan para analizar el nuevo escenario que se está configurando tras la "Crisis de las Vallas". Esta convocatoria debe efectuarla el Partido Popular porque es la formación que gobierna en la ciudad y a la que pertenecen nuestros tres representantes parlamentarios. Los dirigentes locales del PP, y especialmente el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, tienen ante sí el reto de actuar en beneficio de la sociedad melillense para superar la encrucijada en que estamos pero, ante todo, deben abandonar, o en todo caso menguar, la línea agresiva de oposición al Gobierno central que desarrollan desde hace más de un año y que en nada nos beneficia.
 
Hoy, más que nunca, es la hora de la búsqueda del consenso a nivel local, porque todos somos conscientes que tanta notoriedad del nombre de Melilla a nivel internacional, sin entrar en si es bueno o malo, produce una inestabilidad sobre la que hay que actuar con fuerzas unidas, no divergentes.

Escrito por Miguel Gómez Bernardi
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