Continúa la tragedia en el sur mientras la tranquilidad va siendo la tónica en el perímetro fronterizo de Melilla. Desgraciadamente se ha trasladado el problema al vecino, como algunos demandaban, pero éste ha rescatado unas formas que se creían olvidadas desde que Mohamed VI llegó al poder.
En casa, en la celebración de la patrona de la Guardia Civil, se vivió un bochornoso espectáculo porque a nadie se le ocurrió que el ex vicepresidente del Gobierno y hoy presidente del Partido Popular tenía que intervenir en alguna de las imposiciones de condecoraciones a miembros de la Benémerita. El olvido estuvo mal pero también el comportamiento del presidente de la Ciudad y los parlamentarios dejó mucho que desear. A la mínima todo se aprovecha para la batalla política. Es una anécdota sin más pero resulta grotesca cuando se recuerda que a unos kilómetros al sur está la tragedia de unas personas que intentaban entrar en nuestra tierra.
Por otro lado, parece que vamos a tener nuevos atractivos en el perímetro y ya se han talado árboles para su instalación. Según cuentan, Marruecos va a construir un foso y un muro en la frontera que siempre ha denominado de "invisible", incongruencias del destino al que hemos llegado en apenas treinta años. La historia tiene esas jugadas elípticas y Melilla vuelve a ser una ciudad cercada.